Encontrar un lugar razonablemente accesible es una ventaja
Encontrar un lugar razonablemente accesible es una ventaja
En un rincón accesible encontré paz
Hola y bienvenidos a un nuevo día en mi pequeño mundo. Hoy quiero compartir contigo algo que, aunque pueda parecer simple, para mí es un momento especial: una salida a tomar café.
¿Alguna vez has pensado en lo que significa un lugar accesible? Para muchos, es algo que pasa desapercibido. Pero para mí, es una puerta abierta a la independencia, a la normalidad, a sentirme parte del mundo sin barreras. Hoy, ese lugar fue una pequeña cafetería en Merliot.
Al entrar, lo primero que noté fue la accesibilidad del lugar. Bueno, no totalmente accesible, tienen una grada a la entrada. Pero es lo que hay en El Salvador. Tuve que pedir ayuda para entrar, algo que ya es parte de mi rutina, pues necesito de la asistencia de otros para moverme. Era ya de noche, y me encanta que, al terminar largas jornadas diarias, pueda ir con mi pareja a lugares bonitos y entrañables. Él y yo nos alegramos con pequeñas acciones, como salir a tomar algo.
El ambiente era cálido, lleno de murmullos suaves y el aroma del café recién hecho. Un mesero nos atendió. A pesar de ver mi dificultad al entrar—esta vez opté por dar unos cuantos pasos agarrada del brazo de mi pareja—no preguntó nada sobre mí. Simplemente nos ofreció una mesa para sentarnos. Eso, para mí, es respeto.
Pedí mi café favorito, un capuchino, y me acomodé en la mesa. El espacio entre las mesas era amplio, lo que me permitía moverme con facilidad. Mientras esperaba, observé a la gente a mi alrededor. Parejas charlando, estudiantes con sus laptops, personas perdidas en sus pensamientos. Todos estábamos ahí, compartiendo el mismo espacio, el mismo momento, sin diferencias.
Cuando llegó mi café, tomé un sorbo y cerré los ojos por un momento. El sabor era reconfortante, pero más que eso, era la sensación de estar en un lugar donde podía ser yo misma, sin preocupaciones, sin obstáculos. Esos pequeños momentos de normalidad son los que más aprecio.
A veces, la vida con una discapacidad puede sentirse como una montaña rusa de emociones. Hay días en los que las limitaciones parecen más grandes que nunca, pero también hay días como hoy, en los que algo tan simple como tomar un café en un lugar razonablemente adaptado me recuerda que hay belleza en las pequeñas cosas.
Mientras me preparaba para irme, miré alrededor una vez más. Ya era de noche. Me sentí agradecida. Agradecida por ese momento de paz, por ese café perfecto, y por ese lugar que me hizo sentir como en casa, por la compañía de mi pareja.
Así que, si alguna vez pasas por un lugar accesible, tómate un momento para apreciarlo. Para mí, no es solo un café. Es un recordatorio de que, aunque el mundo no siempre es perfecto, hay rincones donde puedo sentirme libre, donde puedo ser simplemente yo.
Y eso, querido amigo, es un regalo que no tiene precio.